La vigencia de Juan Salvador. Gaviota que ve lejos, vuela alto.


Me preguntan con frecuencia sobre la ágil gaviota que encabeza el blog, y si bien queda claro el simbolismo del ave con la sensación de libertad que produce el vuelo, hay mucho más allá detrás de esa connotación emancipadora.

Juan Salvador Gaviota, fábula escrita en forma de breve novela por el aviador estadounidense Richard Bach, saltó al primer lugar de ventas a pocas semanas del primer tiraje en 1970. Meses después se convertiría en un “best seller” con vigencia actual.

El pequeño libro, el cual puede ser devorado en 30 minutos, es el texto que más he vuelto a leer, sorprendiéndome en cada oportunidad con un nuevo descubrimiento que puede ser aplicable a la vida diaria. Estoy seguro que tendría el mismo efecto si tú lo leyeras y es por ello que te dedico una breve reseña líneas abajo.

Bach escribe esta fábula abordando indirectamente los temas de liderazgo y motivación, el amor propio, la perseverancia, la batalla interior por entregar todo a los proyectos personales, la fuerza de creer y amar al prójimo, el coraje de disfrutar el presente, de coquetear con el azar hasta intentar acariciar nuestros límites con las puntas de las alas, de rozar el firmamento impulsados por las brasas de nuestro espíritu incansable.

Juan Salvador no era más que una gaviota común aburrida de dedicarse a las labores habituales de la bandada, buscar comida y volar con rumbo fijo en una estricta formación. Sin embargo, fue un visionario y pudo identificar que el sentido de su vida iba más allá de aquello y consistía en ir a disfrutar de los placeres del vuelo y explorar los límites de la aerodinámica.

- ¿Por qué Juan, por qué? – preguntaba su madre, ¿por qué te resulta tan difícil ser como el resto de la bandada? ¿por qué no dejas los vuelos rasantes a los pelícanos y albatros? ¿por qué no comes? ¡ya no eres más que hueso y plumas!
- No me importa ser hueso y plumas mamá, solo pretendo saber qué puedo hacer en el aire y que no. Solo deseo saberlo.


Le costó caro a Juan explorar los límites de su naturaleza animal, pronto sería expulsado de su bandaba por intentar realizar piqueros, volar de noche e improvisar formaciones de vuelo. Se convirtió en un exiliado solitario en los “lejanos acantilados”, en donde continuaría con sus descubrimientos.

Juan Salvador nos hace un llamado que excede al de la libertad, nos muestra que la perseverancia en el intento de explorar dentro de uno es un camino válido para conocer nuestras fortalezas y miedos paralizantes. Su mensaje es claro en el sentido que es el conocimiento de uno mismo la mejor vía para entregarse a los demás, así este viaje al interior cueste la incomprensión del resto y una soledad melancólica pero necesaria para crecer.

- Juan Gaviota pasó el resto de sus días solo, pero voló mucho más allá de los lejanos acantilados. Su único pesar no era su soledad, sino que las otras gaviotas se negasen a creer en la gloria que les esperaba al volar, que se negasen a abrir sus ojos y ver.

En la segunda parte del texto, Juan completa el sentido de su vida. Mientras en la primera se dedica a volar en solitario y descubrir aspectos del vuelo que ninguna otra gaviota había intentado antes, luego, llegaría el momento clave de mostrar lo que había aprendido al resto de la bandada, a la cual perdonó por haberlo marginado.

Dentro de su exilio, la soledad llegaría a su fin cuando se inician encuentros con nuevas jóvenes gaviotas, estás habían corrido la misma suerte que él pues eran más de los expulsados de la bandada por rebeldía. Muchas de ellas aprovecharon el destierro y partieron a volar en búsqueda de Juan Salvador quién ya se había convertido en un mito. Junto a él aprendieron nuevas formas de volar, de un momento a otro Juan ya no estaba solo, ahora volaba con rápidos aprendices, pronto llegaría el momento de regresar sin autorización a su bandada.

Aquí radica a mi entender, el mensaje más potente de Juan Gaviota, el resto de su vida lo dedicaría a ser un instructor de vuelo, a mostrar sus propios descubrimientos, a enseñar y retirar vendas, a entregar y derribar paradigmas, a desprenderse de sus conocimientos por el bien común, compartir con el resto, transmitir y entregar amor.

Pues si bien, para algunos la autorrealización consiste en dejar descendencia o terminar una carrera profesional, o servir a Dios o al país, o simplemente formar una familia en un núcleo sólido, cada vez que veo una gaviota rozar con su pecho el océano me recuerda lo que para mi es la autorrealización, simplemente la acción de amar al resto a través de comunicar absolutamente todo lo que sospecho pueda serle útil al prójimo.

Eso inspiró en mi Juan Salvador Gaviota y por ello le regalé la portada del blog. Te invito a que también lo conozcas pues estoy seguro que una vez hecho eso, observar el vuelo de las gaviotas nunca te será lo mismo. Presta atención pues ahí mismo en donde el mar golpea a los peñascos costeros se encuentra él, solitario pero siendo observado por su bandada orgullosa y rebelde, hoy libre.

Juan Salvador Gaviota, Richard Bach, Ediciones B, 2004, Barcelona, España.

Entrada dedicada con afecto a mis amigos Luís Darío Arbulú y Andrea Ugás.

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